¡Estamos de vuelta! Acabamos de llegar a casa, cansados después de 18 horas de vuelos y 6 impresionantes e intensos días de pesca, lanzando poppers de 150 gramos y moviendo jigs de 250 gramos hasta 140 metros de fondo. Los bichos... ¡qué bichos! Para los nueve integrantes de esta expedición ya existe un antes y un después. Un pequeño adelanto: se han capturado un total de 71 GTs; seguramente se discutirá sobre pesos, pero la verdad es que han salido auténticos burros que nos han puesto a prueba; a nosotros y a nuestros equipos. Hemos estado en situaciones límite, extenuados tras los combates con algunas piezas.
 
El popping ha sido la modalidad más fructífera, aunque a jigging han salido buenos bichos. Pese a que nuestra captura más deseada, los doggies (atunes "dientes de perro"), nos dieron un par de oportunidades, al final terminaron ganándonos la partida. Hemos explorado nuevas zonas de popping y jigging, sobre todo en la isla de Songo Songo, con resultados espectaculares que podréis ver aquí. Las capturas en el King Reef de Kilwa también han sido memorables.
 
Hemos capturado más de 20 especies diferentes; entre ellas, algunos ejemplares que, aun y no siendo espectaculares por su peso (no todas las especies se hacen tan grandes como los GTs), nos los han reconocido como récords del lugar.
 
12 de febrero de 2007
A las 11:35 h ya empiezan los problemas: el vuelo que nos debe llevar de Barcelona a Londres tiene un retraso estimado de 2 horas, que se acaba convirtiendo en tres y salimos con pocas garantías de poder enlazar con el vuelo a Dar Es Salaam, la capital tanzana, a la que llegamos a las 7:30 del día siguiente.
 
Nos esperan 6 días de pesca; una parte del grupo no puede aguantar la tentación y salimos a pescar media jornada del mismo día de llegada, entre relámpagos, truenos y lluvia. Por cierto, furon unas horas muy buenas para tomar contacto y saber lo que se siente cuando pican los bichitos y cuando se escapan. Una tarde muy divertida, con muchos ataques, muchas clavadas, bastantes capturas y muchos animales que se escaparon para ponernos a punto y que, a partir de entonces, fueran menos los que tuvieran oportunidad de hacerlo en los días posteriores.

Nuestro medio de transporte

¡Cuidado, piloto amateur!

Esteban se estrena
13 de febrero de 2007
Lamentablemente, el día siguiente amaneció con viento norte, muy malo para la pesca, y que hizo que algunos volviéramos al lodge sin captura alguna, pese a haber estado lanzando muchas, muchas horas y subiendo y bajando jigs hasta quedar extenuados. Las condiciones de pesca en el trópico son duras por el material que se utiliza, normalmente equipos muy potentes y muy pesados. Las jornadas son de sol a sol y los descansos que se hacen son muy pocos, por no decir ninguno.
 
Yo llevé dos cañas para popping: una Shimano Aspire 285 XXH 120-200 g como equipo más blando y una Carpenter Wild Violence 80 XH, que puede lanzar hasta 270 g y aguantar línea de 130 lbs y 15 kg de freno. Las cañas iban emparejadas con carretes Shimano Stella 10000, cargados con PowerPro de 80lbs.
 
Para jigging, mi elección fue una Daiwa Saltiga Deep 55, una caña de 65 lbs junto a un carrete Shimano Stella 20000, también con PowerPro de 80 lbs. Como caña de repuesto, y gracias a un buen amigo, me acompañó una Lamiglas Caranx Heavy de 50 lbs que, afortunadamente, no llegué a utilizar.
 
Para los bajos de línea se montaron twisted leaders con nailon Sufix Zippy de 100 lbs para popping y bajos simples de nailon Sufix Zippy de 130 lbs para jigging.
 
14 de febrero de 2007
El tercer día de pesca amaneció también con viento, y nos vimos obligados a resguardarnos en una zona poco fructífera de la que uno de los barcos se ocupó muy a fondo a popping, y donde ya había salido un buen GT de 36 kg de Xavi; otros dos más pequeños que sacaron Miquel y Xavi, y otras capturas de especies como bigeyes, bluefin trevally y barracudas.
 
Los otros dos barcos nos dedicamos más a jigging. Andrés, Txus y Esteban nos dieron una lección de cómo funciona eso de bajar y subir el plomo, con un buen GT de 25 Kg de Esteban a jigging, un amberjack (serviola) de Andrés y más tarde bigeyes, barracudas y otras especies de arrecife, sin olvidar unos atunes de aleta amarilla (yellowfin tuna) que se les cruzaron por el camino y se comieron unos poppers enormes que les lanzó Txus.

Monstruo al atardecer

Andrés ha ligado

Txus le da a las barracudas
Yo tuve una gran picada que perdí tras 5 minutos de combate, pero al final salvé la porra con una captura que, según nos indicaron los guías locales, se trataba del segundo ejemplar capturado en la zona, y de mucho más tamaño que el anterior: indian mirrorfish (Alectus Indicus), un bicho muy raro y feo, parecido al african pompano.
 
15 de febrero de 2007
Afortunadamente, el cuarto día a amaneció sin viento, aunque con un poquito de resaca del día anterior y con el agua un poco sucia, de manera que dos barcos tomamos la iniciativa de probar los spots de la zona sur, y otra embarcación volvería a la zona del primer día: el King Reef, un gran arrecife situado al norte de nuestro lodge.
 
Las capturas de ese día volvieron a ser alentadoras: otro GT de 42 kg que sacó Xavi, alias GT Man y nuevas capturas de especies de arrecife de Albert y Manolo. Miquel, para no ser menos, se cascó una tremenda barracuda a jigging, que incluso una vez muerta siguió dando mucho miedo, y que superó sobradamente los 30 kilos de peso.

Xavi con el GT más gordo

La barracuda de Miquel

¡Espectacular!
Ese día fue David el que sacó toda la gama de colores, con cuatro especies diferentes de groupers (meros), varios rusty jobfish (la comida preferida de los atunes "dientes de perro") –de los que dos sorprendieron por su tamaño–, un difícil de conseguir black kingfish (otro carángido similar al GT pero negro y con aletas y ojos mayores) y un snapper. Yo tuve mi oportunidad de oro mientras David subía un rusty, unos metros más abajo una tremenda y brutal picada me clavó la caña contra la borda y sacó línea como si hubiese enganchando un tren de mercancías, hacendo saltar los gritos de James (propietario del lodge) de "Doggie, doggie, doggie!!!" ("dientes de perro"). Después de sacar muchos, muchos metros, llevó la línea hasta el canto de la roca, cortando el bajo de 130 lbs y mis ilusiones de sacar tan preciado trofeo. Más tarde, otro rusty aún mayor destrozó todas las teorías habidas hasta el momento, y un tiburón de aleta blanca de arrecife –de más de dos metros– me hacía sudar para subirlo desde los 90 metros donde picó, para poner luego a prueba al valiente que le sacara el anzuelo de la boca. David, con un nuevo artilugio para ello, no dudó pero todavía le dio algún que otro puñetazo en la cabeza para ver si abría la boca y podía sacarle una foto de la dentadura.

Txus sigue haciendo amigos

David y un rusty jobfish

¡Bienvenido a bordo!
16 de febrero de 2007
El quinto día, el plan era salir muy temprano a pescar en la Isla de Songo Songo, de la que nos separaban 27 millas de navegación. Es necesaria una buena meteorología y condiciones de mar para poder afrontar el trayecto con seguridad; la previsión es buena y a las 5 de la mañana ya estamos todos levantados para desayunar y salir. Es una zona que solo han probado en un par de ocasiones y hay que explorar el terreno: no hay marcas, no hay mucha experiencia y somos los primeros que vamos a probar en serio la zona. Amanece con una brisa suave que nos mosquea un poco y al salir de la bahía formada por el continente y la Isla de Kilwa, la previsión de vientos de 5 a 6 nudos se ha multiplicado por tres, de manera que nos quedamos a resguardo y anulamos el viaje a Songo Songo. Es una mañana muy dura: empezamos en el King Reef lanzando poppers sin ningún resultado y aguantando olas bastante fuertes, por lo que nos volvemos a resguardo a una zona donde el tercer día tuvimos resultados muy regulares a jigging. Solo una serviola y alguna pequeña pieza premian el esfuerzo del grupo, pero para ahorrar esfuerzos y gastarlos en mejor momento, decidimos volver al lodge para comer y probar suerte por la tarde, nuevamente en el King Reef.
 
Por la tarde salimos al King Reef y empiezan los lances, uno tras otro, con olas fuertes y un viento muy incómodo que lo hace todo más duro: calculo haber hecho más de 350 lances sin picada ninguna. Por radio, nos comentaban algunas capturas de los otros barcos, que se concretaban en 3 GTs y un yellow spotted. A última hora, cuando ya no quedaban ni fuerzas ni moral, llegó el premio a la constancia y mi primer GT tomó mi SeaWood GT Mania, haciéndome temblar las piernas. Otro más no podía escaparse, y tras unos 10 minutos de lucha entre fuertes olas y varias vueltas por toda la bañera, conseguí embarcar el preciado animalito. Fui el último miembro del equipo en conseguir una captura de GT.

David peleando

Me uno a la fiesta

Dobles parejas
Por la noche, la cena tuvo su aquél. La moral no estaba al nivel que requiere un viaje de este tipo: el mito del trópico nos estaba jugando una mala pasada. Eso de lanzar y clavar un pez no se producía matemáticamente, aunque quedaba la esperanza que otros días se había visto más actividad. Yo me aferraba a la necesidad de una buena meteorología para conseguir mayores y mejores piezas, algo de lo que otros ya empezaban a dudar, pero quedaba la esperanza de los dos días restantes.
 
17 de febrero de 2007
Por suerte, el sexto día amaneció más tranquilo, pero no sin los nervios sobre lo que podíamos encontrar al salir, así que los planes no estaban claros. A bordo del Karambisi, David y yo nos adelantamos y al llegar al King Reef, parecía posible llegar a las islas Songo Songo. James avisó por teléfono: "¡Nos vamos a la isla!". Toda la ilusión vuelve, aunque la incertidumbre de qué encontraremos nos hace temblar y algunos prueban unos lances antes de salir rumbo al paraíso.
 
Cuando llegamos al hot spot, el paisaje nos pareció idílico y David y yo empezamos a lanzar sin ninguna persecución ni ataque. Cambiamos de sitio y nos situamos entre unas canoas de pescadores locales. David lanzó nuevamente y, de golpe, explota el mar: un GT descomunal muerde su popper pero no se clava y lo pierde. Unos lances más y tiro a escasos 20 metros de la canoa, desde donde un pescador local nos mira como si fuéramos extraterrestres, lanzando artefactos gordísimos que hacen salpicar el agua una y otra vez. De pronto, vuelve a explotar el mar y el lugareño da un salto de la canoa, pensando que el mismísimo Neptuno se ha cabreado.
 
Era lo que llevaba más de un año soñando noche tras noche: tenía clavado un tremendo GT al que solo era capaz de sujetar con las dos manos en la caña, brazos estirados y piernas clavadas en la borda del barco, mientras él sacaba y sacaba línea como si hubiera clavado un tranvía. Fue el momento más intenso vivido en esto de la pesca; las condiciones eran diferentes a las del King Reef, donde el fondo plano hace difícil perder por roturas; aquí, el animal se fue en busca del canto, intentando cortar con el arrecife de coral y bajó hasta los 40 metros de fondo, utilizando todas sus fuerzas para escapar. Una buena maniobra de James me situó en la zona de fondo y yo me puse a trabajar, de forma que 25 minutos más tarde embarcamos un precioso animal que, según las tablas de medidas, se situó en los 40,5 kilos. David y James subieron y desanzuelaron al animal y yo muerto, extasiado y sin fuerzas para seguir en pie –pero absolutamente satisfecho– solo era capaz de sentarme en la borda, esperando a que entre los dos me lo echasen encima para unas fotos rápidas y devolverlo al agua con garantías de supervivencia.

Mi GT más gordo

Esperando a que David termine

¡Se lo tragó entero!
Dudaba si podría seguir pescando a causa del agotamiento, aunque las ganas me empujaban a ello, pero también quería ver a mi compañero sufrir y disfrutar al mismo tiempo, por lo que guardé la caña y me dispuse a dejar a David que clavase el suyo. No se hizo esperar y minutos más tarde ya estaba peleando con otro gran bicho. Songo Songo era el paraíso del GT y la salvación de nuestro viaje. Más tarde, era Miquel el que peleaba y embarcaba otro a bordo del Nguru. Por teléfono nos informaron de que en el Chachungui, Andrés, Txus y Esteban habían sacado 6 GTs más.

Miquel con un buen GT

Albert también "moja"

Volveremos a por ti...
Bajó la marea y con ella la actividad, así que nos dedicamos al jigging con el fin de poder encontrar los "dientes de perro" que no llegaron. Con un par de pequeñas capturas y algunas picadas llegamos a las 4 de la tarde, cuando volvimos al canto del arrecife a probar suerte. Por el camino encontramos los atunes y David y yo clavamos uno cada uno a popper. Un poco más tarde, unos cuantos lances más y clavé un bonito mero que salió de debajo de una piedra para embocar el popper, un espectáculo que el agua cristalina me permite ver con todo detalle. Seguimos probando suerte hasta contar 5 GTs en cinco lances; David embarcó tres más y perdió 4, yo perdí otros 3 y saqué dos más... la tarde no pudo ser mejor. El resto de barcos vinieron a la zona y también sacaron algunos, pero bajó la actividad y de vuelta al lodge aún hicimos una parada en el King Reef. Al final, entre los 9 miembros del grupo embarcamos un total de 22 GTs, varios atunes de aleta amarilla, 3 bluefin, 2 jobfish, 4 yellow spotted, 1 bigeye y 2 barracudas. Se cumplieron las expectativas y volvió la alegría y la moral: cena con vino, cava, risas, anécdotas y energías renovadas.

Un mero ¡a popper!

Otro rusty jobfish

¿Dogtooth? No: king mackerel...
18 de febrero de 2007
El último día, la meterologia fue favorable y volvimos a Songo Songo. Salimos en el Karambisi unos 30 minutos antes, llevando con nosotros a varios miembros del gobierno tanzano que venían camo pasaje hasta la isla. Llegamos a la zona de pesca todos los barcos casi al mismo tiempo. Unos lances en la corriente de la bajada de marea y clavé otro snapper, más lances sin resultados y James nos sacó de la zona para ir a otra isla cercana en busca de los atunes "dientes de perro". Probamos un montón de sitios sin resultado alguno; la obcecación e interés de James de que saquemos un doggie sin éxito nos hizo pensar que estábamos perdiendo un precioso tiempo que podíamos dedicar a seguir sacando grandes GTs. Al final, desistimos y volvimos al arrecife de Songo Songo. La marea era baja –no muy adecuada para el popping– y el resto de barcos se dedicaron al jigging. David y yo, sin embargo, nos obstinamos en probarlo a popping y James lo aceptó sin convicción.

GT peleando

Termina el combate

Un GT de Andrés
¡Grave error! A los pocos lances, ya habíamos tenido ataques de varios GTs, clavadas, dobletes... un festival al que se unieron los otros barcos. No hubo minuto en el que no se viera una caña totalmente arqueada; los gritos se oían de barco a barco, las sonrisas se abrían de oreja a oreja... y ¡a disfrutar de la orgía! 28 GTs, groupers (meros), jobfish, barracudas, bluefins... Se hizo tarde y tuvimos que marchar para que la noche no se nos echase encima en las dos horas y media de trayecto de vuelta. Pero no nos pudimos reprimir y, al llegar al King Reef, hicimos la última parada para unos lances de despedida de Kilwa. David y yo clavamos sendos GTs y yellow spotted. Ya derrengados, sin fuerza alguna, destrozados físicamente pero orgullosos y satisfechos, todos los compañeros dimos por finalizado nuestro sueño hecho realidad.

Txus con un GT precioso

Manel no se queda atrás

La última cena
David, Andrés, Esteban, Txus, Miquel, Albert, Xavi, Manolo, James, su mujer, los skippers y el personal del lodge: gracias a todos por compartir este sueño, por las risas, por los buenos ratos que hemos pasado y que no olvidaremos nunca.
 
 
Observaciones sobre los equipos
Antes de preparar el viaje, partía de una Shimano Aspire 285 XXH, una caña económica con la que se puede salir del paso en viajes tropicales, aunque se se conocen algunas roturas. Para mi gusto, la Aspire es excesivamente larga y blanda para popping. Sin embargo, mientras preparaba el viaje me estuve informando y tenía claro qué marca de caña compraría para tenerla mi herramienta principal –Carpenter, of course– pero dudaba entre varios modelos. Al final opté por una vara más dura y de acción más potente que la Shimano; así, dispondría de una caña para señuelos y capturas más pequeñas y otra para los grandes poppers y grandes bichos.
 
El objetivo era utilizar la Shimano, más ligera y liviana, hasta encontrar los momentos de mayor actividad, en los que una caña potente saca más pescado que una más blanda. En ese momento, podría cambiar a la artillería pesada (además de poder disponer de dos cañas en caso de rotura, claro). Pero el cuarto día, a causa de la desesperación de no encontrar pescado, me despisté en uno de los lances y golpeé la Shimano contra el arco de radar de la lancha, doblando un poco la tercera anilla de la puntera. Afortunadamente no se rompió ninguna pata y pude enderezarla, al menos lo justo para seguir pescando. De hecho, mi primer GT lo saqué con ella.
 
Pero en ese combate me di cuenta de algo que no me gustó: la excesiva curvatura de la caña en acción de pesca y su excesiva longitud, que complicaron un poco una captura de un GT de veintipocos kilos que, en condiciones normales, no debía entrañar demasiadas complicaciones. A partir de ahí, empecé a pescar con mi Carpenter Wild Violence 80 XH, a primera vista un garrote, liviana en las manos pero difícil de domar y de cargar en los primeros lances. Pensé que acabaría reventado de la espalda, pero mi sorpresa fué por todo lo contrario: fui entendiendo su acción hasta domesticarla a mi gusto, tanto para cargarla como para poppear, donde no tiene rival. Pero cuidado: no es una herramienta para principiantes, y sacarle todo su partido exige potencia física y una buena técnica.
 
Al tener una acción dura, todo el esfuerzo aplicado lo transmite directamente a la línea y hasta el popper, haciendo más fácil y efectivo levantar gran cantidad de agua, dejar un buen surco de burbujas y emitir unos "plof!" que se oían a 50 metros de distancia. Es una caña para popping, por lo que los stickbaits no acaban de funcionar bien con ella. En el caso de los skipping lures, con práctica se consigue realizar todos los movimientos, aunque hay otras cañas más adecuadas para este tipo de señuelos. Por otra parte, la WV 80 XH es excelente para lanzar señuelos muy pesados (230-270 g) en contra del viento. En combate, disponer de una caña de un solo tramo con esa potencia te transmite tal seguridad que en ningún momento llegas a encontrarte corto de equipo.

Nuestro arsenal

David y su DJ 83

¡Triunfador!
Mi compañero David utilizó otro modelo de Carpenter, Discovery Journey, una caña mucho más dócil, más blanda de punta, más cómoda para lanzar y con buena potencia. Más polivalente, en una palabra, pero que exige mayor esfuerzo para mover los grandes poppers. La probé y me gustó mucho.
 
 
Preparación física
Mucha gente puede creer que ir al trópico a pescar, por la teórica abundancia de pescado, convierte la pesca en una actividad cómoda y ligera, pero esto está muy lejos de la realidad. Muchos buenos amigos con varios o muchos viajes de pesca a sus espaldas me recomendaron lo mismo: "Prepárate físicamente, entrena, ve al gimnasio" y pese a que no fui a ningún gimnasio, no por ello dejé de seguir una pequeña rutina de ejercicios y una cierta preparación que me permitieron determinar un ritmo más o menos constante de lances, capturas y movimientos de jigging.
 
 
Un equipo adecuado
Realizar un viaje de pesca extrema al trópico no es ninguna broma. Además de las propias exigencias físicas intrínsecas al hecho de pasar jornadas maratonianas a bordo de los barcos, los equipos que utilizamos ponen nuestras fuerzas al límite. Nuestro consejo es adquirir un tono físico adecuado a las características de cada uno, y equiparse con aquellas herramientas que mejor se adaptan a nuestra constitución, fuerza, mecánica de lance y estilos de pesca.
 
 
Alimentación
En referencia a la comida, la verdad es que si hay que elegir entre comer o pescar, nosotros pescamos. Solo un día de esta GT Expedition 2007, cuando las condiciones fueron muy malas, decidimos regresar a comer al lodge. El resto de jornadas, pasamos el día entero a bordo, dale que te pego, con un par de bocadillos (pequeños) y unas galletas.
 
La bebida es otra cosa: a 30ºC al sol y en plena actividad, no era extraño consumir hasta 4 litros de bebida al día. Es más: en 7 días, solo recuerdo haber orinado una vez en el barco; supongo que el resto debió de evaporarse a través de los poros de la piel.
 
 
Relax
Al llegar al lodge al terminar la jornada, lo mejor es darse un baño en la playa, luego una ducha, cenar adecuadamente y tirar de iboprufeno para reducir el dolor y las agujetas del sobreesfuerzo.
 
Autor: Josep Saumell
© 2008 SeaWood Tackle