Volvemos a relatar nuestras experiencias en este entorno, aunque este año deberíamos añadir un apartado especial de jigging (la verdad es que no nos faltan motivos “de peso”). El equipo, formado por José Manuel, Juanjo, Manel, Ricardo, Toni, Txus y un servidor, fue lo mejor del viaje. Por encima de todo, predominó el buen rollo, las risas, las buenas vibraciones y el deseo común de repetir la experiencia el año próximo.
 
- Mambo jambo! (saludo coloquial utilizado en la zona)
- Poa ("estamos bien")
 
Regreso a las islas de los grandes bichos
El mejor resumen que se puede hacer del viaje es que todos tuvimos pegado a nuestra caña algún bicho excepcional, de manera que todos los días hubo experiencias de las que detienen las pulsaciones y congelan la sangre; se verá los que salieron y los que siguen allí (la lástima es que hubo caras que no pudimos fotografiar). En total, fueron 180 capturas repartidas entre 10 especies diferentes; una media un poco baja que confirma dos cosas: que la zona no está en su mejor temporada y que el "tópico del trópico" es falso. Para pescar hay que currar y mucho; mucho más de lo que hicimos incluso aquí. Para eso, también un 10 a todo el equipo, ya que fuimos capaces de sudar todo lo que bebimos durante cada jornada (que no fue poco).

Una vieja conocida

Kilwa Ruins Lodge

Manel y su primer GT
A pesar de todo, revisados los números, al final hubo más capturas que el año pasado. Teniendo en cuenta que fuimos dos pescadores menos, la media salió más alta. Esto me hizo pensar que las ganas y expectativas fueron mayores en este viaje; cualquiera quiere más cuando ves los bichos que te van pegando.

Empieza la batalla

Juanjo y un big eye

Un GT de la primera tarde
El clima nos respetó bastante; solo un par de días apretó un poco más el viento y, según palabras de los skippers, en nuestra semana sacamos más pescado que entre todos los grupos que habían estado en Kilwa en los últimos cuatro meses. Lo tomaremos como recompensa por las jornadas de 10 y 12 horas de caña y mucha caña. Había que ver las caras del personal al llegar al lodge cada tarde, quemados por el sol, bamboleados por las olas, extenuados de lanzar poppers de 150 g y de mover jigs de 300 g en fondos hasta los 160 m. Creo que por culpa de esto hubo varias conversaciones nocturnas, muy interesantes, que me perdí resoplando en los sofás, frente a la botellas de Gran Capitán y Zoco.

Paisaje de ensueño

Mi top GT de este viaje

Toni hace de las suyas
Las puntas de las jornadas se mostraron como los momentos más productivos: las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde, coincidiendo con las mareas (tanto rollo con los secretos del trópico y resulta que es como aquí). Momentos puntuales de actividad frenética nos pusieron las pilas a todos y, en los momentos de menor actividad, siempre quedaba alguien que seguía machacando hasta conseguir levantar algún bicho.

Juanjo & jobfish

A Txus le va el naranja

Mr. Barracuda Man
Los atunes “dientes de perro”, la asignatura pendiente
En la primera incursión a los tan deseados doggies (dog tooth tuna, DTT), los bichos nos dejaron las cosas claras: los pequeños se dejan sacar (para los que son capaces de aplicarle al jig la velocidad de 60 vueltas de manivela por minuto, sin cesar el short-jerking) y los grandes te demuestran que tienen los dientes de oro, sacando su poderío y arrancando línea a toda leche, pese a llevar el freno del carrete tarado a 13,5 kg. La frase recurrente: “quillo, ¿tú has visto eso?”. Pero al final salió el burro; desde el barco se gritaba: "¡quillo, que tengo el de los dientes de oro!" mientras se veía una caña –una Carpenter One Hundred 55, por cierto– con la puntera metida en el agua, de donde solo salía para bombear, hasta ver emerger una bestia, completamente tiesa y con la panza plateada. 65 kilos de dientes de oro y “¡Josema, eres un monstruo!”.

Ricardo triunfa...

...y Josema arrasa

Un DT de trofeo
Días más tarde, buscando refugiarnos de un fuerte viento del norte provocado por un ciclón a unas 200 millas, acabamos lanzando poppers en el canto de un arrecife, sin más importancia, mientras salía algún jobfish, bluefin y pequeños GTs. De repente, una explosión en el agua, como si los dioses del mar salieran enfadados a gritarnos por dónde debíamos meternos los poppers y a Juanjo le pegó un bicho (todavía desconocido) poniéndolo en serios apuros para sostener caña y carrete entre las manos, mientras Manel lo sujetaba por el cinturón para que no saltase por la borda a hacer esquí acuático. En el frenesí, otro bicho saltó fuera del agua haciendo volar el popper de Txus y se oyó el grito mágico: "¡son doggies!". Hablamos de bichos muy, muy, muy gordos... entonces entendimos lo que tenía Juanjo arqueando su Wild Violence 80 XH. Lamentablemente, no hubo tiempo para maniobrar el barco y el bicho consiguió cortar el bajo contra las rocas del arrecife.

Manel y su GT más grande

Toni también los pesca grandes

Un triplete fantástico
A pesar de todo, o quizá con más motivo, seguimos lanzando; hasta la fecha, no se había pescado ninguno de estos animales a popper en la zona: había que conseguir sacar alguno. Viendo los tamaños de los contrincantes, más de un miembro del grupo prefirió quedarse solo como espectador. No era ninguna broma sentir un poco de miedo a que una bestia de 80 o 100 kg embocase el señuelo de uno. Juanjo montó un nuevo popper y en uno de los lances se le hizo una peluca en el carrete. Después de recoger la muestra sin tirones y llegando al barco, volvió a explotar el agua, mojándonos a todos. La peluca se deshizo al momento, claro, pero cortando la línea... Minutos más tarde, otro torpedo enorme hizo lo mismo con mi popper pero sin terminar de clavarse. Los agujeros que sus dientes hicieron en el señuelo dejaron bien claro el tamaño del animal.

Manel y el DT para la cena

Un viejo amigo de Txus

Toni y su bluefin posando
Al poco, cesó la actividad de los monstruos y volvimos a sacar peces menores. Hasta los últimos días no volvimos a tener contacto con estos extraordinarios atunes, concretamente cuando Manel sacó su segundo DTT del viaje, más grande que el anterior y que dio un peso en la báscula de 15 kilos (y un sashimi delicioso en la cena). El último día, Josema volvió a pegar otro abuelo que al final se soltó.

Josema "the killer"

Mi copper shark

La última cena
En conclusión, podemos afirmar que en esta expedición, los dogtooth tuna han sido ¡prueba superada!
Felicidades a los afortunados; otros todavía tendremos que seguir tras ellos.
 
Autor: Josep Saumell
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